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Feria Las Pajanosas

La Feria de Las Pajanosas tiene su origen en las Fiestas Patronales (que se celebraban en honor a la patrona Nuestra Señora del Rosario),  durante la primera semana del mes de octubre, coincidiendo con su onomástica en el calendario.

Por aquellos entonces en la casa de Flores, al lado de la actual farmacia, se montaba un improvisado escenario iluminado con alguna que otra ristra de bombillas. Más adelante se añadirían otros adornos como “unas banderas conseguidas en algún acto municipal de la capital”. Allí, rodeado de unos cuantos veladores actuaban “El Peluso” (cantante flamenco acompañado de su inseparable bastón a modo de Charles Chaplin), quien hacía las delicias de todos los públicos con su característicos movimientos de barriga, o “El Babi” (humorista de la época). También cerca de este emplazamiento, Antonio “El Turronero” montaba su negocio en la Puerta del Bar de la Mezquita. Como recuerdan algunas personas, en aquella época “sólo se adornaban los aledaños de la puerta del alcalde”. Allí, junto al cura y la guardia civil, aquél tomaba los correspondientes aperitivos obteniendo desde su fachada una panorámica del desarrollo de la feria.

La fiesta -religiosa ante todo- sólo duraba un día: el día de la Virgen del Rosario (7 de octubre). Más adelante se pasaría a dos jornadas para convertirse pronto en los tres días que se conservaron durante los últimos años.

Debido al mal tiempo meteorológico que suele darse a primeros de octubre, durante los inicios de la década de los ochenta, se decidió, mediante acuerdo entre el gobierno municipal y la asociación parroquial, pasar la feria al 15 de agosto. Durante dos años se estuvo celebrando a mediados de este mes.

Continuando con la tónica del cambio de fechas y debido a su coincidencia cronológica con las Fiestas celebradas en el vecino pueblo de El Garrobo en honor a la Virgen de la Estrella, tras algunas negociaciones con la alcaldesa del mismo, se decidió trasladarla al último domingo del mes de agosto. A partir de estos momentos pasaron a convertirse en “Ferias y Fiestas Populares y Patronales”.

Conforme la aldea fue creciendo se fue haciendo necesario el cambio de emplazamiento del recinto para dar cabida al montaje de los hierros y toldos con los que se componía la caseta municipal. Durante muchos años, concretamente hasta 1.998, la Feria de nuestro pueblo se halló enclavada en la Calle Concepción Soto , muy cerca del actual recinto. Allí se habilitaba una pista de baile hecha de cemento pulido que, durante el resto del año servía como improvisado parque de juegos para los niños y niñas, circuito de bicicletas o pista de tenis.

Llegada la hora, teniendo en cuenta la ubicación de la mencionada pista, se montaba una única caseta, la municipal, que servía para dar cabida a todo el pueblo y demás visitantes. Debemos resaltar que, los años en los que había atracciones, éstas consistían en un tío vivo o las típicas voladoras de cadenas. Al principio no existían fuegos artificiales, que eran suplidos por la “quemada de fantoches”. El programa de Ferias tenía como punto álgido los domingos por la mañana, día de la patrona, que comenzaban con la tradicional diana interpretada por la Banda de Música. A continuación, a las 12 de mediodía, se celebraba una misa solemne seguida del preceptivo concierto en la caseta municipal.

A inicios de los años noventa, la fiesta pasó de la puerta de la casa de Félix Delgado, debido a las evidentes molestias causadas por el sonido ensordecedor de los grupos musicales (por entonces nada de orquestas), a un solar propiedad de la familia Soto que durante años había servido de escombrera situada delante del actual recinto. Se trataba de un trozo de calle sin urbanizar que conectaba al pueblo con el “Callejón de la Oscurita”. Allí, además de la ya por entonces popular caseta municipal, se montaron en primer un lugar un chiringuito de verano que continuaba con su actividad durante los días de feria y más tarde la caseta “Los Primeros”. Se construyeron también por entonces unos servicios públicos de ladrillo en la parte trasera de la caseta municipal.

Ya en el año 1998, como decíamos, el real de la feria cambió su emplazamiento al actual recinto, al que se dotó de los servicios propios de este tipo de instalaciones. Se construyó una caseta municipal de 400 metros cuadrados realizada en hierro forjado, cubierta de chapa y escenario “de material”. La amplitud del nuevo espacio permitió la instalación de diez nuevas casetas más la de servicios, además de la mencionada municipal.

En definitiva, un largo peregrinar el de nuestra feria por varios recintos que, a buen seguro, seguirá produciéndose en tanto que continúe el más que previsible crecimiento del pueblo.